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Sobre el ayuno y la libertad. P. Savatie Bastovoi

lunes, diciembre 02, 2013 Posted by JDavidM


¿Qué puede ser más absurdo que ayunar, en una religión que se atribuye el haber restaurado la libertad del hombre? ¿Cómo puedes llamarte “libre”, cuando tienes que abstenerse de aquello que te gusta más, cuando tienes hacer lo que no quieres? Porque el ayuno es abstinencia no sólo de comer, sino de todos los placeres del cuerpo... Luego, ¿Cómo no ver en esto un atentado en contra del más noble instinto que tiene el hombre, su libertad? 

Si el ayuno es una obligación, entonces el Evangelio es la obra maestra de la literatura absurda. Conscientizando esto, los protestantes decidieron renunciar al ayuno. Sin embargo, aún ignorando las tantas veces que el Apóstol Pablo o el mismo Señor Jesucristo alentaban a ayunar, ese mismo llamado permanece como una astilla en el ojo de aquel que conoce míniamente las Escrituras. Todos los justos de la historia, hasta llegar a Cristo, ayunaban. El ayuno era necesario, antes de buscar a Dios o al esperar alguna revelación. Moisés subió al monte después de cuarenta días ayunando y sólo así logró hablar con Dios. El Nuevo Testamento no dice nada distinto, sino que, aún más, empieza con alguien que practicaba permanentemente el ayuno: San Juan Bautista. El mismo Redentor ayunaba antes de salir a predicar. No podemos, entonces, dejar por un lado el ayuno, basándonos en algunos versículos de la Biblia, sobre todo porque quienes escribieron esos textos fueron precisamente grandes practicantes del ayuno. Me parece más decente cuestionar nuestra capacidad de entender esos versículos. 

A Cristo le preguntaron una vez por qué sus discípulos no ayunaban (Mt. 9, 14). Con esto, muchos entendieron que los apóstoles y el mismo Jesús eran personas que comían mucho (Mt. 11, 19). No obstante, este relato nos muestra, de hecho, que los apóstoles y Jesús solían carecer de alimentos, que solían pasar hambre. Esto se puede observar bien del conflicto que tuvieron con los judíos, entonces cuando los discípulos comieron espigas de trigo un sábado. Los apóstoles se mantenían tan ocupados predicando, que olvidaban comer; así, el hecho que hayan cortado algunas espigas demuestra que usualmente comían lo que podían. Jesús no comió esa vez con ellos, por eso el reproche fue dirigido sólo a los discípulos. Él era un ejemplo de ayuno. Que sus discípulos comían poco, puede extraerse de lo sucedido cuando la multiplicación de los panes, en donde se nos dice que en esos momentos tenían sólo cinco panes y dos peces. Aunque estaban lejos de la próxima localidad y les era imposible conseguir algo de comer, rápidamente ofrecieron lo poco que tenían para alimentar a las multitudes (sin saber que esos alimentos luego se multiplicarían!), lo que nuevamente nos demuestra que estaban acostumbrados al hambre, mucho más que cualquier otra persona. De esta manera, sabemos que Nuestro Señor y sus apóstoles ayunaban, pero sin contar los días, como hacían los fariseos. Cuando éstos le cuestionaron al respecto, Jesús les dice que “Ustedes no pueden obligar a los compañeros del novio a que ayunen mientras el novio está con ellos. Llegará el momento en que les será quitado el novio, y entonces ayunarán.” (Lc. 5, 34-35). “Esos días” en los que el Novio ha sido “llevado”, son los miércoles, día en que fue vendido y los viernes, recordando el día de su crucifixión. Así, en el año 50, los apóstoles convocaron a un sínodo en Jerusalém, en el que se estableció el ayuno en tales días, para todos los creyentes. 

Así las cosas, los protestantes entendieron bien que el ayuno no es una obligación. El ayuno forzoso no tiene sentido, como cualquier cosa gratuita y sin sentido. Sin embargo, esto no es motivo suficiente para reprobar el ayuno. Éste debe entenderse en toda su nobleza, porque es la manifestación suprema de la libertad humana. Así lo entendían los primeros cristianos - algo que desafortunadamente se ha perdido con el tiempo. “Comer – escribe San Efrén el Sirio en el siglo IV – es parte de las leyes naturales, pero ayunar es parte de la libertad”. ´¿Quién puede ufanarse de comer “sólo porque así le place”? No, tú comes porque no puedes vivir sin comer. En este caso, tu voluntad proviene de un instinto natural, no de una libre elección. Desde luego que no hay nada malo en esto, tampoco constituye ningún pecado... pero no es tampoco una virtud. Porque la virtud es fruto sólo de la libertad. “Cualquier esfuerzo que no se hace en plena libertad – decía el padre Sofronie Saharov – no tiene ningún valor eterno”. Ayunar es una elección libre, que el hombre asume buscando una vida más noble, que encierre en sí algo de las realidades de la vida eterna...

Traducción libre tomada de credo.ro

Sobre el significado del ayuno. Archimandrita Nichifor Horia

martes, noviembre 26, 2013 Posted by JDavidM


El ayuno es más que un regimen alimentario, más que una dieta cualquiera, aunque esos son los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo, que también se limpia y se desintoxica. Pero el propósito de ayunar es el de, diciendo “no” a los alimentos que nos gustan y que nos endulzan, lograr rechazar también todo aquello que creemos que nos produce placer, pero que luego comprobamos que no trae más que dolor y sufrimiento en todos los ámbitos de nuestra vida. El ayuno conduce nuestra atención de lo terrenal a lo divino, porque, acostumbrándonos a la sobriedad, dejamos de prestarle tanta atención a nuestro cuerpo y comenzamos a sentir el pulso de la vida espiritual. Con el ayuno, las prioridades se invierten y se asientan en su forma natural: primero la vida espiritual y, luego, la biológica. En el oficio del Bautizo, ya hacia al final del mismo, decimos una lindísima oración que afirma que Dios creó al hombre “con alma pensante y con un cuerpo bien constituído, para que el cuerpo sirva al alma” y no al revés. Actualmente, para muchos, el alma es sierva del cuerpo hasta llegar al extremo, es decir, hasta llegar a la incapacidad de sentir alguna actividad espiritual. Por eso, el sentido del ayuno es reconducir al hombre hacia aquella armonía ontológica, destruída con la exagerada atención que se le da al cuerpo, cuando la persona sólo busca asegurar su propio comfort.
¿Padre, por qué debemos ayunar? ¿Cuánto nos ayuda ese esfuerzo?
El Santo Apóstol y Evangelista Lucas decía, retomando las palabras de Nuestro Señor: “Estén atentos a Ustedes mismos, que no se saturen sus corazones con la comida, la bebida y las preocupaciones de la vida “ (Lucas 21, 34). El llamado a ayunar es así reafirmado por el mismo Redentor, siendo esas palabras, para nosotros, cristianos, la base principal para ayunar. Los que deseamos alcanzar la vida eterna y la verdad en esta vida tomaremos la palabra del Señor como norma de vida. Por una parte, el ayuno es un esfuerzo, para que el cuerpo no supere al alma, para tener mente ágil, para obtener atención espiritual; por otra parte, el ayuno es una manifestación natural, como sucede entonces cuando el hombre participa del sufrimiento o la tristeza de otro. Cuando los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo fueron regañados por los fariseos por no ayunar, recibieron las siguientes palabras de parte del Señor: “¿Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán.” (Marcos 2, 19-20). El mismo Emperador David, entonces cuando su hijo enfermaba, ayunaba largamente, tratando, por medio de la ascesis, mostrar su arrepentimiento frente a Dios
El ayuno ortodoxo puede ser considerado el más severo del mundo cristiano. ¿Cómo se explica el hecho que, en la Ortodoxia, a diferencia de otras formas de fe, nunca ha sucedido una adaptación a los tiempos actuales, una “flexibilización” significativa del esfuerzo exigido a los creyentes, desde este punto de vista?
No sólo en lo que se refiere al ayuno, sino en todo el cuadro litúrgico, la Iglesia Ortodoxa no ha hecho ningún “aggiornamiento” de acuerdo a cómo cambian las personas, de acuerdo a la moda del momento, sino que ha sabido mantener sus fundamentos verdaderos, mismos que heredó como un tesoro. A una pregunta similar, el Padre Constantin Galeriu decía que también el trigo, como elemento básico en la alimentación del hombre, es algo tan antiguo y, sin embargo, igualmente importante, permaneciendo esencial para el hombre. Todo lo recibido de los Santos Padres, toda nuestra tradición es un valor que esperamos no perder jamás. Claro que, hablando del ayuno, hay alguna excepción y en determinadas circunstancias, como en casos de enfermedad o embarazo, pero esta flexibilización no puede generalizarse, porque el hombre, indiferente de los tiempos en los que se viva, es quien necesita cumplir fielmente con perseverancia tales esfuerzos, que la Iglesia nos enseña son el camino para alcanzar esa vida con sentido que estábamos buscando. Pero la Iglesia no necesita hacer esas concesiones de modo general. Sin embargo, si por ejemplo, en una determinada región o en determinadas condiciones, sólo se pudiera consumir huevos o queso, la Iglesia indudablemente lo permitiría.
Hay quienes dicen “yo no ayuno porque podría enfermarme” o “no rendiría de la misma forma en mi trabajo si comienzo a ayunar”.
Hay una cita de la Filocalia, del anciano Ioan Carpatiul, que dice así: “Me han hablado algunos hermanos monjes, quienes sufren de enfermedades crónicas y por tal motivo no pueden ayunar... Ellos me manifestaron así su preocupación: “¿Cómo podremos protegernos del maligno y de las pasiones, sin ayunar?” La respuesta a esto es “No sólo evitando ciertos alimentos sino también dando el corazón podrán vencer y ahuyentar todo pensamiento errado y a quienes les incitan”
Todo lo referente al ayuno está directamente vinculado al estado espiritual y la fe de cada uno. En la medida en que el hombre profundiza en su oración y en su fe en Dios, recibe una fuerza desconocida, un consuelo enorme y la capacidad de dirigirse a Dios. Nuestro Señor decía “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que viene de Dios” (Mateo 4,4).
Si yo ayuno, pero no tomo parte de la palabra de Dios, no rezo suficientemente, seguro que no me alcanzará con ayunar, que mi fe disminuirá y, entonces, un día me despertaré débil y asustado. Actualmente, muchos de nosotros, llenos de preocupaciones y excusas, buscaríamos flexibilizar todo, si se pudiera. Yo mismo conocí un caso, de unas personas cercanas a mí, quienes, viniendo a confesarse, me dijeron: Padre, dénos su bendición para ayunar sólo la primera y la última semanas, porque así hemos ayunado toda la vida” Yo les dije “Bien, pero si así han ayunado toda la vida, quiere decir que no saben si pueden o no completar todo el período de ayuno. Entonces, intenten ayunar el período completo, para comprobar si podían o no. ¿Para qué cumplir con el mandamiento de ayunar sólo por la mitad?”. En ese momento, les expliqué detenidamente qué significa ayunar y cuáles son sus frutos. Entendiendo todo lo que les dije, dichas personas lograron ayunar como es debido y me contaron, más adelante, cómo no sólo lograron ayunar todo el período, sino que además buscaron practicar un ayuno aún más severo, de acuerdo a sus posibilidades. Es decir, sólo entendiendo el sentido de este esfuerzo al que estamos llamados, nosotros, no alguien más, recibiremos también la fuerza necesaria para resistir las tentaciones de renunciar.



Conozco personas que trabajan duro físicamente, en condiciones muy severas y que ayunan como lo hacen los monjes. Personas así nos demuestran que Dios le da a los que lo buscan una fuerza más allá de lo que podemos entender usualmente. Esas personas que oran, que se confiesan, que comulgan encontrando fuerzas en el Cuerpo y la Sangre del Seșor, la verdadera comida y bebida.



Si en una familia el ayuno es percibido de forma distinta, especialmente en esos casos en los que uno de los esposos ayuna y el otro no... ¿Cómo puede hacerse que esto no afecte la relación entre ambos esposo?
El esposo, la esposa o quien sea de la familia que ayuna, debería, en primer lugar, vivir el ayuno con ternura, con belleza espiritual, sin regañar o molestar al otro. Tarde temprano, este último notará los esfuerzos del que ayuna y en algún momento empezará a ayunar también. Entonces, el otro (que ayuna) orará por este último y así se cumplirán las palabras del Apóstol Pablo, “el hombre que no cree se santifica por su mujer creyente y la mujer que no cree se santifica por su esposo creyente” (I Corintios 7,14). La misma posibilidad es válida para los demás miembros de la familia.
Más allá de los períodos de ayuno determinados por la Iglesia, ¿Está condicionada la Santa Eucaristía al ayuno? 
En ninguna parte en los cánones de la Iglesia podrá hallar tal clase de condicionamiento. Pero igualmente es bueno que, además de los períodos de ayuno antes y sobre todo en las vísperas de comulgar, la persona haga este esfuerzo, entendiéndolo como una preparación para lo que habrá de venir. Por eso, muchos confesores invitan a los fieles a ayunar uno, dos o tres días, antes de comulgar. Y hacen bien, porque es una preparación más minuciosa, que nos libera de lo cotidiano.
Alguien preguntaba: “¿Cómo enfrentar las burlas o bromas por parte de compañeros de trabajo, cuando se organizan distintos eventos en dias señalados como de ayuno?
La persona deberá entender que es en esa clase de situaciones en las que se hace más fuerte. Solemos “solidarizarnos” rápido, cuando se trata de bromear, de ironizar o cualquier otra cosa fácil que usualmente hiere al alma. Pero una respuesta firme, la cual asumimos con toda sus consecuencias, haría que los otros entendieran que somos personas que creemos lo que vivimos y vivimos lo que creemos. Si “sacudes” un poco a los que se ríen de tí, verás que también ellos tienen al menos cierto grado de fe, misma que no saben vivir como debieran.
¿Quién es, en este caso, digno de risa y quién digno de compasióm? El que cree con firmeza o el que cree sólo parcialmente?
Es muy importante defender hasta el final nuestra fe, porque nuestro lugar en la Iglesia no es uno particular, sino, en determinado momento, empiezo a estar en comunión con todos los hijos de la Iglesia, que ayunan. Estoy obedeciendo algo, testificando mi fe, por lo que renunciar a mi fe, aún cuando fuera mediante un gesto aparentemente pequeño, significaría negarla.
Cuando visitemos a alguien, colegas o amigos, por ejemplo y nos miren como extraños porque ayunamos, llegará el momento en el que, seguramente, por determinada circunstancia, esos mismos amigos o compañeros dirán: “esta persona es ciertamente un creyente, alguien que vive su credo hasta las últimas consecuencias... a él podemos pedirle consejo, en él podemos confiar”. Porque nadie puede vivir siempre en la mentira. Por una parte, podrá rechazar lo que le parezca una imposición, pero, por la otra, apreciará a aquellos que asumen su fe en Dios, con todo lo que esta decisión implica. Luego, no podemos ser “tibios”. En tales situaciones, no temamos ser ridiculizados o desconsiderados por parte de los otros, porque se trata simplemente de testificar o no nuestra propia fe.
 Traducción libre del texto publicado en doxologia.ro

Sobre el ayuno y la oración. San Nectario de Egina. (extractos)

martes, marzo 20, 2012 Posted by JDavidM



"La verdadera oración es enfocada, incesante y hecha con el corazón lleno de arrepentimiento y la mente atenta. El vehículo de la oración es siempre la humildad, siendo que la oración es, asimismo, una manifestación de aquella. Porque, siendo conscientes de nuestra propia limitación, le pedimos fuerza a Dios. La oración nos une con Dios: es una conversación divina y una comunión espiritual con el Ser más bello y sublime.

La oración es alejarse de todo lo que nos ata al mundo y elevarnos al cielo. Por medio de la oración nos acercamos a Dios. La oración es, en verdad, una coraza celestial, y sólo ella puede resguardar a quienes le dedican su vida a Dios. La oración es el medicamento usual para sanar todos nuestras aflicciones, para abstenernos de pecar y para la redención de nuestras faltas. La oración es un tesoro invaluable, un esfuerzo meritorio, la base de toda serenidad, la raiz y madre de innumerables bendiciones.

Cualquier cristiano debería saber que si no eleva su alma y su corazón hacia Dios, por medio del ayuno y la oración cristiana -no farisea- no podrá llegar jamás al verdadero conocimiento de su estado de pecador y a la búsqueda con toda el alma del perdón de esas faltas. Debemos entender que sólo en la medida en que elevemos nuestra mente y nuestro corazón a Dios, llegaremos a conocer  nuestros pecados; y que nos elevamos a Dios en la medida en que nuestra alma se aligera y se ilumina con el ayuno y la oración.

La oración y el ayuno -cristiano- sirven como medios para conocernos a nosotros mismos y  a nuestro verdadero estado moral, así como para llegar a valorar cuáles son nuestros pecados y su verdadero carácter. Sin ayuno y oración nos faltan los medios para alcanzar ese conocimiento,  y no podremos llegar a tener una imagen real de nuestras faltas, un conocimiento pleno de ellas y el arrepentimiento por haberlas cometido, como camino hacia una verdadera y fructífera confesión. Además, ya que el ayuno y la oración cristiana son las únicas formas de preparar una verdadera confesión, debemos guardar con celo estos mandatos de la Iglesia, para no equivocarnos en el objetivo que nos hemos trazado: alcanzar el supremo bien (la salvación).

El ayuno es un mandamiento de la Iglesia, obligando al cristiano a guardarlo en determinados días. En relación a esto, Nuestro Señor Jesucristo nos enseña: "Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Cuando tú ayunes, lávate la cara y perfúmate el cabello. No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mateo 6, 17-18).

De las enseñanzas del Salvador realizamos, entonces: 
a)  Que el ayuno es agradable a Dios.
b)  Que el que ayuna para elevar su mente y su corazón hacia Dios, será recompensado por su esfuerzo, porque Él es el más generoso dador de bienes celestiales."


Traducción libre, tomada de: 
"Sfantul Nectarie de Eghina. Viata, minunile si scrierile". Constantin Cavarnos. 
Editura Bunavestire. Bacau (Rumanía), 2011.

Sobre el ayuno. Entrevista al Padre Spiridon del Monasterio Petru Voda (I).

domingo, marzo 04, 2012 Posted by JDavidM

Al terminar la primera semana del "Ayuno Mayor", el ayuno de la Cuaresma, he querido comenzar aquí con la traducción de una entrevista hecha al Hieromonje Spiridon del Monasterio Petru Voda (a quien tengo la bendición de conocer personalmente), como parte de un conocido programa ortodoxo de televisión en la región moldova de Rumanía, entrevista que luego fuera transcrita (junto a varias más, de igual importancia) y publicada el año pasado en un volumen compilatorio. De más está decir que, por su claridad y profundidad, las palabras del Padre Spiridon encierran un contenido espiriritual de mucha utilidad para la lucha cotidiana del cristiano, en su camino hacia la salvación.



En estos tiempos, en los que por todas partes se nos trata de convencer de que todo está permitido, sin aclararse, como dice el apóstol, que aún así no todo nos es de provecho, ¿Cómo logra la Iglesia Ortodoxa transmitir este mensaje, fundamental para ella y para la salvación de sus fieles, el mensaje de la mesura, de la abstinencia y de la entrega para Jesucristo?

- Las personas que creen con fe y se acercan a los oficios (litúrgicos) de la Iglesia, saben bien que el primer mandamiento que Dios les dio a nuestros antepasados en el paraíso, fue el de ayunar, de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y este precepto que los primeros hombres, Adán y Eva, debían cumplir, incluía toda la ley moral. Esta verdad se desarrolla, posteriormente, en las Sagradas Escrituras, tanto en el Viejo Testamento, como en el Nuevo. Es importante recordar unas palabras de la Epístola a los Romanos: “El Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida, sino de justicia, de paz y alegría en el Espíritu Santo.” (Romanos 14, 17). El Santo Apóstol Pablo explica claramente en este pasaje que, para merecer estar en el Reino de Dios, el hombre debe abstenerse de estos bienes ligados a su naturaleza, es decir, comida, bebida y todo aquello que tienda a producirle placer.

Existe también una forma de ayuno espiritual, ligado de aquel, una forma de purificación. Dice San Basilio el Grande que, cuando ayuna, el cristiano debe – de hecho – contentarse con un alimento simple, con aquello que proviene del cultivo de la tierra. Ayunar significa, luego, la renuncia a uno mismo, un sacrificio. (Sin embargo) muchos no entienden este concepto de renuncia. ¿A qué debe renunciar el individuo? En pocas palabras, se trata de renunciar a la propia naturaleza. Muchos creen que al renunciar a cometer determinados pecados, ya están ayunando. Pero no es suficiente con eso. Debes renunciar a tu propia naturaleza. Es decir, que cuando tengas el deseo de comer algo en específico, digas: “No. Para Dios, me abstendré de esto”. O cuando quieras beber algo que se te antoje con fuerza, digas “No. Por la fe que tengo y por ser días especiales de ayuno, me abstengo”. O, si estoy cansado, no me acuesto inmediatamente sino que prolongaré mi vigilia y mis oraciones. Estos son esfuerzos que suponen la renuncia a uno mismo. Si no logramos entender estas enseñanzas ortodoxas que nos dejaron los Padres de la Iglesia, nos hallaremos lejos del camino de la salvación.


Al hombre contemporáneo le resulta problemático percibir la idea de “renuncia a sí mismo”, porque todo el día se encuentra expuesto a la sobre estimulación de ese “yo”, con mensajes como “¡Confía sólo en ti mismo!”. Es decir, el “yo” es puesto siempre en primer plano y por eso resulta muy difícil siquiera pensar en renunciar a él, a la propia voluntad. ¿Cómo lo ayuda el ayuno (en esta lucha)?

- (En esto) tenemos como modelos al Redentor, a la Virgen María, a los santos. No debemos fijarnos en los modelos que nos propone la sociedad, autodenominada “moderna” o “post-moderna”. El Redentor, a pesar de ser el Hijo de Dios, ayunaba. La Virgen también ayunaba, oraba. Sabemos que esos doce años que pasó en el Templo, fueron de ayuno. Y, por este enorme esmero, al que se añade oración permanente, Dios la eligió para ser aquella bendita en la que habría de encarnarse Su Hijo.

Los Santos Apóstoles, de igual manera, ayunaban. Todos los santos que conocemos, en todas sus categorías: jerarcas, piadosos, médicos de los pobres, no digamos los que ofrendaron su vida por Dios, todos conocían el ayuno como forma de preparación espiritual. Luego, el ayuno es una norma inalterable de la Iglesia. No varía de acuerdo a los tiempos. Son cánones, leyes eclesiales dadas para siempre.


Hay personas que tienen algún tipo de influencia sobre el cristiano actual y que vienen con otros puntos de vista, generalmente de origen protestante, que dicen que en las Escrituras no aparece escrito que debamos ayunar, así como lo afirma la Iglesia Ortodoxa. ¿Cómo podemos nosotros guiar a los que no son ortodoxos, respecto al ayuno?

- Desafortunadamente, aquellos que no son parte de la  Iglesia no entienden el sentido de esta lucha espiritual. Porque cuando  el hombre se abstiene de la comida, de la bebida y de los placeres, deja de ser débil. Es más, se fortalece para la lucha espiritual. ¿Por qué? Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, así como leemos en la Carta a los Efesios (Efesios 6, 12), sino contra los espíritus de maldad,  contra los poderes que dominan el mundo de la oscuridad. Nuestra lucha no puede librarse por medios materiales, porque es una de carácter espiritual. Así nos enseñaron los santos, es una enseñanza eterna.  Y, creo que el cristiano que ayuna sabe, por experiencia propia, que esto es así. En la medida en que la persona ayuna y ora más, así se desprende de este mundo, de las preocupaciones vanas, acercándose en igual medida a Dios, quien así se nos revela. Dios también se nos revela de acuerdo a nuestro merecimiento personal - aún en su pequeñez  -, de acuerdo a nuestro deseo de acercarnos a Él, de vivir según un modelo de santidad.


Hay quienes afirman que “Yo no tengo por qué ayunar, ya que el mismo Salvador dijo que no nos mancha lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella. Por eso, me abstengo de actuar mal, pero no de comer”. ¿Qué nos puede decir de esta forma de explicar el problema?

- Afirmar algo así es caer en falsedad. Debemos entender las palabras de Nuestro Señor en el contexto en que fueron dichas. Él (con esas palabras) quería alejar una práctica equivocada de los fariseos y saduceos, que creían que si no practicaban ciertos lavados rituales, se hallaban sucios, tanto que ya no podían ingerir determinados alimentos. Luego, la ley ritual del Viejo Testamento quedó abolida con el sacrificio en la cruz y con la instauración del Nuevo Testamento. Por otra parte, ¿Cómo puede afirmarse que, con esas palabras, Nuestro Salvador estaba desechando el ayuno, cuando Él mismo ayunó y les dijo a sus discípulos: “Esta clase de demonios no puede expulsarse sino con ayuno y oración (Mateo 17, 21).


Con ayuno y oración, es decir con abstinencia y comunicación con Dios. Además del ayuno de alimentos, que los cristianos siguen así como les enseña la Iglesia,  precisamente porque representa una forma de glorificar a Dios y porque les ayuda a concentrarse en lo espiritual, ¿Qué otro aspecto del ayuno debemos seguir?

- Debemos custodiar nuestros sentidos: vista, oído, voz, incluso nuestros pasos. Debemos también estar atentos a no dejar abierta ninguna puerta a las tentaciones, porque (en nuestros días) estas se han multiplicado en proporciones terribles; la oferta del pecado está en todas partes. Hasta llegar a la misma idolatría. No digamos la pornografía, por medio del Internet, en los medios de comunicación masiva… Nosotros, como cristianos, debemos luchar por nuestra salvación en estas condiciones. Debemos guardarnos de  todo esto. Sabemos qué es pecado. Muchas veces les digo a quienes vienen a confesarse, que no es suficiente que conozcan que sepan qué es pecado, sino que deben aprender a odiar el pecado. Que más allá de la forma exterior del pecado está el maligno, que quiere hacernos siervos suyos por medio de lo que nos propone, por medio de la maldad de la que quiere hacernos parte.


Ha mencionado que los cristianos debemos buscar la salvación en estas condiciones. He escuchado otros puntos de vista que dicen que ya no es necesario seguir todo lo que nos aconseja la Iglesia hacer, sino que es suficiente con creer en Cristo y abstenernos, en la medida de lo posible, de obrar mal. ¿Cómo responder a semejante idea?

- Una afirmación así representa uno de los niveles más altos del orgullo. ¿Por qué? Porque quien piensa o afirma algo así, se está poniendo a sí mismo en un lugar más alto que los Santos Padres, quienes nos heredaron las leyes de la Iglesia, los distintos cánones, todo lo que Ésta necesita. Y si alguien dice “Estas leyes son obsoletas”, está tomando el lugar de los Padres de la Iglesia, está emitiendo una nueva ley. Nosotros hemos seguido en obediencia el modelo de los santos; hemos preservado su enseñanza y hemos andado el camino angosto que busca la santidad, porque eso es precisamente la Ortodoxia: priorizar la santificación. Pero pocos entienden esto.


Entonces, cuando alguien se pone en el lugar de los santos y “emite” nuevas leyes, sacando de contexto al Apóstol Pablo, ¿está perdiendo su oportunidad de salvación, está poniendo en peligro su propia salvación?

- Sí. Porque está siguiendo lo que le dicta su mente, no a los verdaderos pastores de la Iglesia, a los santos que vivieron en la gracia del Espíritu Santo, quienes interpretaron correctamente las Escrituras, quienes tuvieron la llave de esa interpretación, como dice San Simeón el Nuevo Teólogo. Ellos fueron los verdaderos guías. Desde los apóstoles, discípulos, padres apostólicos, apologistas, mártires… siempre existió una enseñanza ininterrumpida, hasta llegar a nuestros días.


Traducción libre tomada de:
"Credinta si traditii nemtene. O perspectiva crestina asupra vietuirii in lumea contemporana". De Mihai Silviu Chirila. Editura ROTIPO. Iasi, Rumanía, 2011. Puede visitarse también el blog del autor  (en rumano): http://mihaisilviuchirila.blogspot.com/