De reciente visita a los monasterios de Petru Voda.
sábado, agosto 25, 2012 Posted by JDavidM
viernes, febrero 10, 2012 Posted by JDavidM
sábado, julio 02, 2011 Posted by JDavidM

"El agradecimiento por lo que tiene es, al fin y al cabo, la medida de la fe de cada quien. No empobrece ningún hombre generoso, que comparte lo que tiene con los otros, que hace felices a conocidos y desconocidos. Empobrecen sólo los que acumulan para ellos mismos, obsesionados con las cosas de este mundo.
El hombre que hace un objetivo de vida la acumulación de bienes y dinero, es un hombre débil, ha sido ya ganado por el maligno; en lugar de guardar la palabra de Dios, que es una esencia de vida, él guarda tesoros vacíos para el enemigo y así se pone al servicio de éste. 
El hombre de nuestros días pone demasiado esfuerzo en nimiedades y cosas triviales, es asediado de una multitud de cosas falsas e inútiles, y no sabe cómo elegir de entre ellas.
El que es indiferente al sufrimiento del prójimo no vive como es debido. El estado espiritual es aquel en el que tú, haciéndote más pequeño que los demás, vez en tí la decadencia de la humanidad entera.
No amas a Dios si no amas a tu prójimo."
Traducción libre tomada de un texto publicado en el Calendario 2011 del Monasterio Petru Voda. Imagen principal, tomada de www.savatie.wordpress.com
jueves, octubre 28, 2010 Posted by JDavidM

Continúo aquí con la serie de textos que quiero compartirles.
"Mucho ha amado, mucho se le perdonará" (Lucas 7, 47-50). Aquí se puede ver claramente, qué clase de mujer era aque0lla que recibió semejante respuesta del mismo Hijo de Dios y de la Virgen María, Jesucristo: "Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume."
La naturaleza pecadora de esta mujer es común, en modo constante y repetido a cualquier persona. Pero no cualquier persona es capaz de tener semejante forma de arrepentimiento frente a Dios, como lo tuvo la mujer del párrafo anterior. Por qué? Porque el hombre no se da cuenta de la gravedad de los pecados que comete frente a Dios, que es omnipresente y que lo ve todo. El arrepentimiento de esta mujer asombró al fariseo que había invitado al Redentor, diciendo: "si éste fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer es ésta, pecadora..." El fariseo no pudo percibir el arrepentimiento, porque no tenía el amor que ella logró sentir frente a Cristo y tampoco pudo ver la misericordia de Dios, hacia ella.
El Redentor, viendo la frialdad de alma del fariseo, lo ayudó a entender lo que sucedía frente a sus ojos, relatándole la parábola de los dos deudores. Uno debía 500 dinares y el otro 50. La diferencia era muy grande entre ambas deudas pero, aún así, el prestamista las perdonó ambas. "Cuál de los dos lo amará más?" Le preguntó a Simón, el fariseo. "Pienso que aquel al que se le perdonó más", respondió Simón. Y Jesús le respondió: "Haz juzgado bien".
Observamos continuamente en las Sagradas Escrituras cómo Dios Hijo, Jesucristo, prepara el alma de los hombres, a través de párabolas y enseñanzas fáciles, para que entiendan de modo más fácil el trabajo que hace Dios, hasta el fin del mundo.
A continuación, la Escritura nos muestra bellamente, cómo el Salvador le explica a Simón qué significa el amor de Dios y el verdadero arrepentimiento, haciendo referencia directa a él, pero también a todo hombre que esté en la misma situación espiritual con Simón el fariseo.
El amor de Dios significa lucidez, es vivirlo sin obstáculos ni límites, pero también sin preguntas o dudas, porque no hay dudas ahí donde Dios responde a todos nuestros pensamientos. El amor lúcido es amor manifestado a través de nuestras obras.
Cómo responde Dios al amor del pecador, se puede ver más adelante: "Por esto te digo: Tus pecados te son perdonados, porque mucho has amado. Y al que se le perdona poco, poco ama". Y ha dicho "Tus pecados te son perdonados!". Este perdón dado por Dios a la mujer pecadora del pasaje evangélico, se concreta hoy en la Iglesia, a través del Sacramento de la Confesión frente a Dios y el sacerdote. Entonces, la confesión es la respuesta a todas las dudas.
Les pondré un ejemplo. Una mujer que tenía ocho hijos fue una vez preguntada por alguien, con asombro, cómo hacía para alimentarlos a todos. Aquella madre le respondió: "Porque los amo a todos, todo se hace más fácil". Y otra persona le preguntó: "Cómo consigue alimentarlos, siendo tantos, cómo vestirlos a todos?" Y la mujer respondió: "Si los amo, para qué contarlos a todos?" Así hace también Cristo con nosotros, no nos cuenta cuán pecadores somos, sino cuántas virtudes tenemos, porque nos ayuda sin hacer ninguna diferencia!
Las señales del amor de Dios en la vida de la persona se perciben sólo si ésta sabe responder con amor ante Dios. Cuando tiene algún problema o alguna tentación fuerte, debe entonces tener paciencia y fe en Dios, indiferentemente de lo difícil de la situación.
El amor de Dios se puede sentir físicamente entonces cuando Él desciende hacia el corazón del hombre, llevándole el calor de la oración ferviente y del arrepentimiento, diciendo "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador".
El amor es la vivencia en Cristo y, desde luego, no puede ser falta de lucidez. El amor verdadero debe demostrarse hacia nuestro prójimo y de las enseñanzas de Cristo. Si no amamos a nuestro prójimo, mentimos, porque tampoco amamos a Dios, como dice el apóstol Juan. En lugar de preocuparnos tanto de nuestra propia vida, de asegurar nuestro bienestar terrenal, debemos atender mucho más a nuestro prójimo con amor desinteresado. De esta forma, haciendo nuestras mismas aflicciones más leves, nos acercaremos más a Dios. Entonces, amas a Dios entonces cuando dejas de amar las cosas del mundo, cuando haces realidad los mandatos de Cristo.
El amor al prójimo es el primer paso hacia nuestra salvación. El hombre sin amor, sin cercanía al sufrimiento ajeno, no podrá justificarse en el juicio ante Dios.
La sed de Dios nos lleva ella misma al amor hacia nuestro prójimo y viceversa. Tanto poder tiene el amor al prójimo. (...) Todo esto, porque Dios es la fuente de todo amor."
P. Iustin Parvu.
(El texto anterior lo extraje de "Părintele Iustin Pârvu. Viaţa şi învăţăturile unui mărturisitor", de Graţia Lungu Constantineanu. Rumanía, 2008. De las páginas 549 a 553. Imagen tomada de www.telegraph.co.uk)
lunes, octubre 25, 2010 Posted by JDavidM

Quiero postear algunos textos que he ido leyendo y que considero que son de mucha importancia y utilidad para todo cristiano. El primero de ellos, escrito por uno de los más importantes padres espirituales de Rumanía:
"La paciencia es el eje en el que nos movemos! La paciencia es parte de la humildad; cuando la persona es más agradecida, más feliz, más satisfecha, más reconciliada con los demás, entonces construye su destino a través de la paciencia. Puede ser que la paciencia venga no tanto de la voluntad, sino de la necesidad! Pero esta experiencia, la de saber ser paciente, te hace poco a poco más fuerte, más creyente, crea tu personalidad.
La humildad es el ropaje divino y el orgullo el ropaje del maligno. Nosotros nos parecemos, entonces, al ropaje que elegimos entre esos dos. Y es muy interesante que, aunque la humildad y el orgullo suelen estar muy lejos uno de otro, la persona puede en un momentito resbalar de la primera al segundo.
La humildad es mi des-composición total, de mi propio egoismo, de mi individualismo! Yo no vivo más, sino Cristo vive en mí. Aquel que fue prototipo de humildad y blandeza.
(...) Porque no el que habla es el que gana, el que conquista, sino aquel que no pierde los ideales de la vida, la salvación. Incluso, aunque seas humilde, aunque seas sencillo, debes ir por el camino de la verdad, que nos lleva a la eternidad. Sí, el camino, la verdad y la vida!
La humildad es una virtud, la más alta, podría decir, en nuestro mundo cristiano ortodoxo y el vacío de humildad en el mundo se ve por todas partes, desde aquellos que conducen el mundo, hasta el último de los individuos; pero (...) humildad no es equivalente a falta de dignidad, falta de personalidad, de tal forma que puedan llevarte "de aquí para allá". Debemos, entonces, hacer una diferencia entre la humildad que ofrecemos ante Dios y aquella que ofrecemos ante los hombres. Humildad no significa que todos puedan pasar sobre mí.
Esto significa humilad, cuando yo me humillo y muero por una verdad dada por Cristo, porque Cristo fue humilde, aunque también digno. Cuando tuvo necesidad de ser severo, lo fue. Cuando le fue preguntado "¿Quién eres Tú? ¿En dónde está la verdad?", el Salvador permaneció callado pero luego supo demostrar y responder por medio de su pasión.
(...)
La humildad es una autoevaluación correcta de la dimensión del hombre en este universo. La humildad unida a la paciencia mueven montañas; así de fuertes pueden volverse para cualquier cristiano."
P. Iustin Parvu.
(El texto anterior lo extraje de "Părintele Iustin Pârvu. Viaţa şi învăţăturile unui mărturisitor", de Graţia Lungu Constantineanu. Rumanía, 2008. De las páginas 556 a 559. La foto es un original hecho por Cristina Nichitus).
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