Sobre la mansedumbre como virtud cristiana. P. Hariton Negrea

viernes, diciembre 06, 2013 Posted by JDavidM




"Felices los blandos (pacientes), porque recibirán la tierra en herencia". (Mt 5, 5)
La mansedumbre es el primer fruto de la bondad y del amor al prójimo, un estado equilibrado y sereno en el alma. El que es dócil busca no enojar a nadie ni enojarse por nada, mostrándose siempre humilde. Y, si llegara a suceder algo con lo que no estuviera de acuerdo, no por esto pierde su paciencia y, sobre todo, no asume actitudes vengativas. He aquí una entrevista hecha al Padre Hariton Negrea, stárets del Monasterio Petru Voda, en la que nos explica cómo debemos interpretar la Tercera Bienaventuranza, dirigida a aquellos que son mansos.

Padre, háblenos del contexto en el que fue pronunciada la Bienaventuranza dirigida a aquellos “mansos".
La multitud reunida en torno a la bondad del Nuestro Señor Jesucristo recibía, además de una sanación corporal y espiritual, la palabra de salvación. Observando con atención a quienes le rodeaban ese día, Nuestro Señor notó una muchedumbre llena de desesperados, tristes, oprimidos, desesperanzados, muchos de ellos hartos de una vida dura, hartos de todas las tragedias que les tocaba vivir cada día: las mujeres eran menospreciadas, los hombres llevados a cautiverio... Viéndolos, subraya la Santa Escritura, Cristo los sintió cual si fueran ovejas sin pastor y exclamó: Siento compasión por este pueblo. Esto es, en líneas generales, el contexto de todo lo dicho ese día por Nuestro Señor Jesucristo, cuando estuvo predicando en el Monte de los Olivos, dirigiéndose a quienes pacientemente lo escuchaban', a quienes llama a cultivar la mansedumbre. 
 
¿Qué significa ser dócil?
La mansedumbre presupone un estado espiritual que llena todo tu ser de paz, de descanso. El que es manso se muestra a imagen de Nuestro Señor Jesucristo, Quien era blando y humilde de corazón. La mansedumbre significa tener paz en tu interior, misma que transmites a quienes te rodean. El que es dócil tiene una buena relación con Dios y consigo mismo, le es fácil perdonar y pacificar, logra acercar a Dios a quienes le rodean. Esa misma benevolencia llega incluso a quienes no son buenos, a los que no creen o son simplemente indiferentes. 
 
Padre, Usted transmite cierta paz, una nobleza que se refleja en su forma de vida en el monasterio (Durau y luego, Petru Voda, N del T) y en su actividad con los demás. ¿Cómo lo cultiva?
Yo deseo alcanzar la mansedumbre, pero siempre que me examino a mí mismo, encuentro que aún me falta mucho para lograrlo. La virtud de la docilidad debe trabajarse toda la vida. Por eso, intentemos mostrar a quienes nos rodean la belleza de la mansedumbre! Fortalezcámos esa blandeza por medio de la confesión, leyendo las Santas Escrituras y a los Santos Padres. Porque, cuando estamos “en” la Iglesia, cuando estamos “junto” a nuestro confesor, cuando cumplimos con los mandamientos de Dios, entonces estamos en la misma casa de la mansedumbre. 
 
¿Cómo debemos interpretar las palabras: “los que sean mansos heredarán la tierra”? ¿Debe interpretarse como que van a vivir para siempre?
No se trata necesariamente de la tierra en que vivimos. Se trata una tierra “interna” y una “eterna”. Nuestros teólogos dicen que las Bienaventuranzas son un canto a los peldaños que hay que subir hacia el amor de Dios. Pero para tener derecho a esa herencia, se presupone que debes vivir la felicidad de quienes son humildes, de esos que han renunciado a sí mismos – los pobres de espíritu – y de aquellos que lloran, porque con nuestras lágrimas de arrepentimiento, junto al deseo de no repetir nuestras faltas, regamos nuestra “tierra” interior. Así es como llegamos heredar esa tierra sobre la que ha de descender la gracia de Dios para que fructifique. Así lo dijo Nuestro Señor a la cananea, que si ella hubiera conocido la gracia a de Dios, se hubiera dado cuenta quién le pedía agua para beber. Así que el hombre, hecho de polvo, animado por el aliento divino, cuando conoce la gracia de Dios, se convierte en tierra propicia para todo lo bueno y para la misma vida espiritual. Recordemos a la samaritana, quien, luego de recibir consuelo espiritual y la paz del Señor, pudo anunciarlo a los demás. .
Otra interpretación que se le da a esta Bienaventuranza, se encierra en las palabras tierra nueva y cielo nuevo. Se trata del Reino de Dios, en el que no habrá ni pecado, ni dolor, ni aflicción. Y esta es la tierra que van a heredar los benevolentes... (si hay algo cierto) es que a todos nos espera algo al terminar nuestro paso por este mundo, en donde recibiremos lo que nos corresponde, sea felicidad o sea tormento eterno. Aunque podemos afirmar que el que ha logrado adquirir la virtud de la mansedumbre vive desde ya una vida eterna.



¿Por qué a los mansos se les promete heredar la tierra, y a los pobres de espíritu, el Reino de los Cielos?
Considero que unos y otros son igualmente recompensados. A los dóciles se les promete esta tierra, que tiene imagen de tierra nueva, de una tierra interior llena de gracia, de dones divinos, mientras que a los pobres de espíritu , el Reino de los Cielos. Y, como decía cierto teólogo, el Reino está ahí donde se encuentra el Rey... Pero el Rey descendió a la tierra, en forma de Hombre, y su Reino entonces se hizo presente aquí en la tierra. Y, luego de ofrecernos su sacrificio redentor, resucitando, subió al Cielo con este cuerpo divinizado, elevando a los Cielos también a este mundo. En conclusión, tanto los pobres de espíritu, como los mansos, heredarán la misma felicidad: estar en presencia de Cristo Rey. 
 
¿Qué enseñanza se puede extraer de esta Bienaventuranza?
Lo importante de esta Bienaventuranza es, en pocas palabras: el trabajo en la virtud de la mansedumbre conlleva recompensa en el Reino de Dios, una que es sinónimo de toda felicidad. El trabajo en esta virtud es un esfuerzo personal, coronado por la gracia, por la ayuda de Dios. Pero este esfuerzo implica evitar dar lugar al enojo fácilmente y preocuparnos por perdonar completamente, cuando sea el caso.
Si estuviera en mis posibilidades, colocaría un rótulo con esta Bienaventuranza en todos los juzgados, en todas las oficinas de abogados, en todas las penitenciarías, en todas las instituciones públicas de este tipo, en las que tienen lugar disputas y procesos vinculados con el materialismo de este mundo pasajero. 
 
¿Cómo cumplir con esta Bienaventuranza?
Empezando a trabajar en ella. El primer paso es pedirle a Dios que nos dé esta virtud. Luego, hay que esforzarnos en practicarla en nuestra relación con los demás, cuando estemos atravesando alguna tentación – cuando tendamos a transformarnos en “justicieros”, duros, exigentes. Las tentaciones, los problemas son como un examen; sólo así podemos darnos cuenta si estamos trabajando en la virtud de la bondad y si hemos logrado adquirirla, aún sea de forma mínima. Y es muy difícil obtener esa cualidad, si no estamos en comunión con Dios. Trabajemos, entonces, cada día en ella! 
 
¿Qué dicen los Padres de la Iglesia en relación a la importancia y el cumplimiento de esta Bienaventuranza?
Sí, tenemos muchas exhortaciones y ejemplos de esta virtud en la vida de nuestros grandes padres, quienes respondieron así al amor y a la mansedumbre de Nuestro Señor, el Buen Pastor, tan cantados y recitados en poesías e himnos cristianos.
Recordemos también a San José, esposo de la Virgen María, quien también fue ejemplo de docilidad, como lo dice la Tradición de nuestra Iglesia en aquel hermoso villancico: “José y su rostro benevolente...” Este es un motivo más para cultivar esta virtud, una que nos hace elegidos, así como lo fuera José, el de alma noble.

Traducción libre del texto publicado en doxologia.ro

1 comentarios:

Pulpito Pulpo dijo...

"Quien no se haga como un niño de estos, no podrá entrar en el Reino de los cielos"... "Hay que volver a nacer, (para volver a ser un niño)"... Frases y más frases como estás, nos hablan de la importancia de ser dociles (humildes y mansos) como lo son todos los niños, para poder entrar en el Reino de Dios. El Reino de los cielos, (los que habitan en el cielo), son mansos y humildes como los niños. Me ha gustado mucho el articulo. Habla sobre la humildad y la mansedumbre, que son tan importantes para la salvación. Hay mucha gente que no le da importancia a la humildad y la mansedumbre, pero para ser un verdadero cristiano (como Cristo), hay que seguir Su Ejemplo: "Aprended de Mi, que soy Manso y Humilde de Corazón". Gracias por dejarme añadir este pequeño comentario. Quizas a alguna persona que lo lea, le sirva de provecho, (al igual que este articulo tan bonito y bello). Gracias.

Publicar un comentario